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    Deseoso de concluir una campaña que. La perdida fué casi igual por ambas partes, i si bien loa realistas tuvieron que lamentar la del coman- dante-Molina, militar tan valiente como esperimen- tado, los patriotas sufrieron la del bizarro teniente Lafore'sty muerto heroicamente en el servicio de los cañones dé la bateria avanzada.

    Con esta misión entró a la plaza el teniente coro- nel don Kaimundo Sessé. Llevaba al jefe realista un oficio suscrito por Carrera, en que le ofrecía sus recursos para facilitar el embarco de sus fuerzas si se avenía a entregarle inmediatamente las armas: Apenas hubo vuelto Sessé al campamento. Decia que no le era posible tratar bajo otra base que no fuese dejarlo dueño de las provincias del sur hasta el Maule, pudiendo también Carrera pasar este rio, i quedar dueño délas provincias septentrionales.

    De- bian suspenderse las hostilidades por el término de seis meses para que el virey del Períi i el gobierno de Santiago celebrasen un convenio, a. Pero distando tanto de estar acordes las exijencias de uno i otro, el padre Amirall volvió a Chillan en la misma tarde, sin mas contes- tación que la obstinada negativa del jeneral chi- leno. En vista de esta imposibilidad para entrar en negociaciones, cada cual de los jenerales ce- lebró en su campo esa misma noche junta de guerra para tomar consejo de sus jefes, sobre lo que deberla hacerse.

    Un destacamento de ausiliares que llevaba al ejército el comandante Cal- derón; se desbandó al saber esta noticia,. En todos lod cuerpos se hizo notar un entusiasmo estraofdinario, que nadie habría esperado de un ejército en retinada! De esperarse era que tan fuertes amentizas fuesen precursoras de una mortífera batallaj pero Pinuel no era hombre de arriesgar un combate, tanto mas cuanto que fué informado de la ventajosa posiciod que ocupaba el enemigo, i de los recursos con que contaba todavia.

    I i, del coronel Ballesteros, la Memoria hist,, Mss. Martínez, i el curiosísimo Informe del P. Me han servido igfualínente alga- jios detalles que recoji de boca del coronel realista Ballesteros, i qae he conservado en apuntes. Entre otros documentos que me han servjido para averiguar algunas ocurrencias del sitio de Chillan, he encpntrfido una carta que O'Higgins escribió a su madre el dia 6 de agosto, des- de la batería ayanzada cuya custodia se le había confiado.

    O'Higgind los sofoca en Hualqui i Yitmbel. Insurrección de k plaza de Arauco. Se malogra una espedicion patriota con- tra ella. Acciones de Huilquilemu i de Gomero, — Vil. El jeneral Carrera pone en ejeciícion un nuevo plan de campaña. Mas de una vez fué necesario car- gar a.

    Para espedicionar al norte del Nuble filé comisionado el guerrillero don Juan Antonio Oíate, con una división de mas de doscientos hombres. Xa mayor parte de los pueblos inmediatos a Concepción, i esta naÍ3ma ciudad se sentiaii fuertemente ajitados i dispuestos a neg'ar obediencia a las autoridades patriotas.

    Esas poblaciones estaban indignadas con los estragos de una guerra a que no se le veía término; las exacciones que producia el mal arregla en las recaudaciones de viveres, i h. El momento era bien escojido. Su plan era vasto, i en él entraron muchos vecinos respetables de aquel pueblo. La confi iiracion fué tramada con. Descubiertos en sus planes no tuvieron estos etro arbitrio que tocar que entregarse a la faga, antes que recayese sobre ellos la persecución, mien- tras las autoridades tomaban las mas rigorosas me- lidas para evitar un golpe de mano.

    Pedro Nolasco Vidal, actor principal en aquellos sucesos. Mss, Gou versación 'con el Sr. Slbjiendo okidatr las aniériórés ; delsaYéniencias. Este suceso era una ñuéva desg'í'acia para él ejército patriota. Pero sus recursos no bastaban para hacer frente a las necesidades de la guerra: El oficial dé montaje, D. EnoTosadas sus fuerzas con dos pedreros de poco calibre, que tomó en el fuerte de San-Pedro, i de las milicias de este fuerte i de Colcura, sig'uió su marcha para tomar la plaza: Este, sin embargo no se hallaba en el caso de rendii'se, ni carecía del valor necesario para sostener un ataque.

    Desde allí comunicaron al jeneral. O'Higgins que se hallaba en Yumbel, reei- 7 Martínez, Mem. Sin vacilar un momento se dispuso a atacar esa plaza, i se puso en precipitada marcha a la cabeza de todas sus fuerzas.

    Su natural audacia i la rabia que le inspiraba la prisión de su madre, lo decidieron a dar vuelta para encararse cuanto antes con su per- seg'uidor, abandonando la empresa que lo habia lle- vado hasta allí.

    O'Híg'g'ins no se creyó aun completamente per- dido, si bien es cierto que el enemigo lo perseguía de cerciA. Tomó el camino de Quilacoya, i al llegar a Gomero se encontró con el teniente Freiré, que por su orden se habia adelantado con algunos dra- gones para preparar una emboscada a los realistas.

    Entonces cabalmente era cuando mas necesitaba de ese ausilio: Con ellas sus fuerzas alcanzaban a cer- ca, de fusileros, i dos cañones; 8. El activo Elorreaga, entretanto, no habia esta- do ocioso.

    Se re- ducia este a encerrar nuevamente ni enemig'o en la plaza de Cliillan, i ponerle sitio formal. Solo el 5 de octubre Uegó a Concep- ción: Oíate al mando de su división, lo atacó en Quirihue i Cau- quenes, i mas adelante el coronel Lantauo al man. Apenas supo el movimiento de la división que mandaba el brig'adíer don Juan José Carrera, se acercaron alg'unas fuerzas superiores en numero a las órdenes inmediatas del comandante Urrej'óla, i la sitiaron en sus posiciones.

    Este era un nuevo conflicto para el jeueral en je- fe que empeoraba mas i mas su situación. De este modo las tropiis de O'Hig-g-ins, conocidas con el nombre de división de observación, constaban de quinientos hombres poco mas o menos. El mismo dia en que se reunieron a su división las partidas de los Benavente, avanzó O'Hig'g-ins hasta Yumbel en busca de Elorreag-a, a findeobli- g'arlo a lo menos a repasar el Itata para encerrarse en Chillan, seg-un le encarg-aba Carrera. Allí supo que el activo Elorreag-a le llevaba cuatro horas de camino, i que marchaba con gran prisa para evitar un encuentro que no podia serle favorable: La artille- ría se colocó en el centro de la infiínteria.

    Estos movimientos no pasaron desaperci- 15 Diario militar del jeneral Carrera, Mss. No se limitaron a esto solo sus providencias para engañar al enemigo. Carrera descarg-ó sobre su jefe una pistola, que por casualidad estaba sin baln, i uno de bs soldados de ella lo hirió de una lanzada en el costado, i su caballo recibió también dos g'olpes. Oíate lo persig'uió de cerca preparando su cura- bina para descarg-arla a boca de jorra , pero por una feliz casuolidad no le dio fuego , i pudo salvar el jeneral insurjente.

    Forzoso le fué arrojarse al rio, srg'uido de dos asistentes , pasarlo a volapié, repasarlo mas abajo, i dirijirse a la división que mandaba su hermano. La' ausencia de Carrera, sin elnbarg'o, no se hizo notar en la organización de defen. El fuegfo duró mas de tres horas contintiaB. M enemigo habia intentado moverse repetidas vecef?

    JiQs patriotas sin erabqx'g-o p. Aires en , con el principal objeto de desprestijiar aO'Higgins,no pudo. No creyendo suficientemente escarmentado al enemigfo, i sospechando que su ejército no bastase para poner el nuevo sitio a Chi- llan, don José Miguel solo se demoró en dictar al- gunas providencias militares para volver a Concep- ción.

    Mandó situar la división del centro en BuUu- quin, i la de O'Higgins un poco mas al oriente del lugar que ocupaba, en la confluencia del Itata í Diguillin, tras de parapetos i fosos improvisados que construyó el cuartel maestre Mackenna. El jeneral se separó de ellas el dia 19, después de recomendar a sus jefes la prudencia i tino queexijian su delicada situación. O'Higgins sin embargo no podia conformarse- ocñi la inacción a que lo obligaban las órdenes de su jefe. Uno de los primeros servicios que prestó esa partida fué llevar alg'unos ausilios a la división de BuUuquin.

    En esta ocasión lo hizo así: Esta inadvertencia no pasó desapercida de los realistas. En las inmediaciones se hallaba la partid da del guerrillero Oíate, compuesta de cerca de hombres, el que, noticiado por sus espias del punto en que habia acampado Valenzuela, resolvió ata- carlo al anochecerse.

    Al primer amago de ataque, el jefe patriota que no se habia descuidado se atrin- cheró con gran prontitud detras de los sacos de galleta i de loslios de charqui, que llevaba a la di- visión del centro, i desde allí comenzó a hacer un fuego bien nutrido sobre las fuerzas de Oíate.

    Pocos momen-' tos duró este nuevo choque: Desde entonces la seguri- dad de las provincias centrales era absolutamente íluscnria. Otras medidas del gobierno. Sablevacion realista en Santa- Rosa.

    Derrota i castigo de los sublevados. Poseía Chile por fortuna en aquella época unos cuantos hombres su- periores a su tiempo i al pais, que habían emprftivt dído la difícil obra de rejenerar la patria j i que no economizaban saciificio alg'uno para lograrlo. Animado de sentimientos tan liberales, el g'obier- no fué, como queda dicho, muiesplícito para decla- rar la libertad de la pi'ensa: El hombre tiene derecho de examinar cuantos objetos estén a 8U alcance," decia el primer artículo del decreto.

    Al sostenimiento i defensa de la relijion del estado estaba también consagrado otro artículo del decreto. En esta parte la junta gubernativa se manifestaba j.

    Para el gobierno eran estos un motivo principal de desvelos i fíitigas de que no lo separaban ni los aprestos pa- ra el sostenimiento de la guerra del sur, ni las re- sistencias que solía encontrar en su marcha adminis- trativa.

    Este importantísimo ramo de la administración era en efecto uno de los mas desatendidos por el g-obierno español en todas sus posesiones de América, i mui particularmente en Chile. En esos colejios, i bajo ese sistema, se. A esos hpm- bres no se ocultaban siii embarg'o'los deifectos de tal sistema de enseñanza, i estaban resueltos a dictar un nuevo plan de estudios, bajo mui diversa base.

    De estos pasos preliminares resultó el decreto de 18 de junio de , por el cual mandaba la su- prema junta que se crease en cada pueblo de cin- cuenta vecinos una escuela de primeras letras cos- teada con los propios del lugar: La lectura de ese libro podia inculcar en el alma de los jóvenes el amor a la patria de que contiene tantos ejemplos, i con los excelentes catecismos de 5 Decretóle J. Pero el gobierno quería también imbuir en los niños lois principios de moralidad i buena conducta que solo podia inspirarles el ejemplo de los preceptores: Iguales deseos animaban al gobierno cuan- do trabajaba con tanto ahinco por abrir el instituto nacional.

    Sin embargo, solo pudo llevarse a efecto el Í0 del mismo mes. To- das ellas concurrieron al claustro de la universidad en donde se inauguró el instituto. José María Bazaguctias- cuad. Por esto mismo, era mas indispensable aun la formación de la biblio- teca nacional. Mas no eran estos proyectos los íuiicos que ajitaron al gobierno en aquella época. La junta pa- trocinaba ciertas ideas quo juzgaba de importancia, aunque en gran parte ellas eran solamente un pa- so dado para mas amplias e importantes reformas.

    Foreste medio el g'obiernose ponia en situación de emprender alg-uhas reformas, partiendo de una base fija. Se afanó también el g-obierno en la reforma de ciertos abusos locales que exijian un pronto i eficaz remedio, i en promover alg'unas medidas de hacien- da, necesarias para cubrir el déficit que abria la guerra.

    Entonces también se trató de plantear un cemen- terio al norte de la población, a fin de borrar la perniciosa costumbre de enterrar en las iglesias, si- tuadas en el centro de la ciudad.

    En este punto sus medidas fueron pru- dentes, i su principal empeño iba dirijido a evitar las exacciones de los subalternos del ejéi'cito, i a in- demnizar los perjuicios que sufrían los particulares.

    Sin recursos para emprender esta obra de repara- ción, el gobierno se desprendió de cantidades exor- bitantes, si se atiende a su escasez i a sus necesida- des, para cubrir una parte de sus pérdidas a los individuos mas perjudicados. Por esta razón se de- cretó que se remitiese a la provincia de Concepción la suma de 10, pesos para repartirla conforme a los perjuicios i necesidades de aquellos vecinos que mas espoliaciones hubiesen sufrido en la campaña.

    El jefe, de la revolución fué. Vol- vió entonces a Santiago en donde tuvo que pasar por las tramitaciones de un concurso. Su oríjen es- pañol fué mas tarde la causa de su confinación a Mendoza. El 3 de agesto estalló la sublevación. Natural parecería que aquellas palabras no hu- biesen sido creídas: Algunos fiíjitivos de este pueblo llevaron allí la no- ticia el sig'uiente dia.

    Sin pérdida de tiempo el prefecto don José Santos Mascayano mandó reunir las milicias para marchar contra Ezeyza ; i por medida mas pronta dispuso que su yerno don Fran- cisco de Paula Caldera al mando de treinta hom- bres que habían reunido le saliese al encuentro.

    Esas fuerzas, en efecto, se encontraron con las de Ereyza en Curimon ; pero en vez de" empeñarse un rudo combate, como era de esperarse, solo se dispa- raron algunos balazos, que no hicieron dafio en nin- gviíñ de las dos divisiones. La victoria, como se vé, no habia costado a este jefe mas que un movimiento audaz i decidido: II Partes del preftcto Mascay ano. A pesar de esta benig'nidad de la junta guberna- tiva, sus miembros creyeron que la insurrección de los Andes era un suceso de consecuencias, i aun pensaron que estaba intimamente relacionado con el proyecto reaccionario descubierto en Concepción a mediados de ag-osto.

    Los pací- ficos ciudadanos que la componian tuvieron que pa- sar por gi'andes ansiedades, que solo fueron los pre- cursores de mayores afanes i fatig'as. Belaciones del gobierno con el jeneral Carrera. Vaci- laciones del gobierno para quitar el mando a don José Miguel.

    Conducta de este i de don. El gobierno pide su renuncia al jeneral Carrera. Ope- raciones militares de las guerrillas insurjentes. El ejército i el gobierno de Concepción se oponen a la renuncia del jeneral en jefe. La junta gubernativa da este destino al coronel O'Hig- gins. Se ponderaba tanto la fuerza del ejército in- surjente i la debilidad de. El tiempo vino en breve a probar a los patriotas de Santiag-o que se engañaban grandemente. Sin conocer las causas que produjeron ese movimiento cada cual inculpaba a su agrado a don José Miguel, afeando sus hechos, reagravando sus errores, sin querer disculparle co- sa alguna.

    No contentos con acriminarlo en su conducta militar comenzaron a hablar de su despotismo, de la absurda constitución que habia hecho reconocer por la fuerza en , de su desmedida ambición de mando, i deí espíritu de esclusivismo que le impulsaba a depositar en su 1 Nota del presidente delajuuta don Fraacisco Antonio Pere2 García al jeneral Carrera.

    Hist, de ChUtj tom. La junta gubernativa por su parte desaprobó en secreto la conducta de Carrera: Estos era una de las principales cansas de odio a los Carreras i los nombres de Bartolo Araoz con los Carreras de la Viña del mar i otra gran caterva de esta clase capita- neados de aquellos perpettuarian en Chile la memoria de la época de los delitos.

    Hasta entonces la junta gubernativa habia ocultado cuidadosamente sus motivos dé disofusto con don José Miguel: Conociendo que nadie antes que yo los ha consultado, me he propuesto no omitir detalle alguno sobre él. Sus consejeros por otra parte no supieron conducirlo en aqiii? Esto liaría creer que el gobierno estaba. Carrera estaba mui irritado contra les g'obernantes de la capital, i no habia perdido oportunidad alguna de conquistarse prosélitos para sostenerse en el mando de que se le quería despojar.

    Al mismo tkmpoque se espresaba libremente con; sus hermanos para incitarlos a la desobediencia i a la rebelión, se diríjia a los otros jefes en términos mas mesurados para descubrir sus opiniones i saber con certeza si podia contar con ellos. La acción de Trocayan, acaecida el 29 de octubre, i la muerte de los oficiales Valenzuela i Balverde fueron para él un ancho campo de amargas quejas i de duros repro- ches que apresuraron su rompimiento con el go- bierno.

    La arrog'ancia de Carrera habia lleg'ado a su colmo, i no era prudente conservarlo por mas tiempo en el mando del ejército: Todos miran a V. El jeneral Carrera por su patte totíió medidais mas eficaces aun para impedir el embarco de los prisioneros, bien que ellas no surtieron él efecto qtíé esperaba. El oficio del gobierno no contenía. Creyendo que el mejor arbitirío que. En una nota de w. No puedo menos de hacerles la jus- ticia de creer que asi lo efectuaran, i cuando ellos olvidados de tan justas insinuaciones se apartaren de la senda de la razón, loque no es de esperar, juro por.

    Ouaudo mas alarmado estaba el gobierno coB dÍ! Predispuestos como estaban contra don José Mig'uel dieron mui poco crédito a sus palabras de asentimiento a esta opinión ; i no- tando que no se apresuraba en contestar a la junta gubernativa, ni en tomar medida alguna dirijida a la realización de este pensamiento creyeron llegado el caso de trabajar por sí mismos, a fin de alcanzar el triunfo de sus propósitos.

    En treinta horas mas ambos se pusieron en Talca, en donde fueron recibidos con grandes con- sideraciones por la junta gubernativa. Mackenna estaba resuelto a trabajar con activi- dad i decisión en favor de su pensamiento. Todo esto se habló sin reserva ni disimulo: La junta gfubernativa sin embargue temió toda- vía el ser desobedecida, a pesar de la imponente enieijia que acababa de asumir.

    Llevaba consigo una carta. O'Higgíns estaba destinado a figfurar en mayor escala ; i ni su propia modestia podia sal- varlo del encumbrado puesto a que lo hacian acreedor sus brillantes servicios, su beroismo i el juicio certero que habia mauit'estado en la campa- ña. Bl intendente de Santiago jpkle a Ja junU gubernativa la destitu- ción del jeneral Carrera.

    Resisleneia que opoiie el cabildo de Coneepcioq i el brigadier don Juan José Carrera a las órdenes del gobierno. Conspiración realbta, i castigo de los iin[Ílieado8 feü dla.

    JfarcliA el eoi ne] O'Higgins a tomar ei mando del ejército. Sus trabajos en loa pueblos de su trénnto. Se creia que esos tres hermanos estaban rodeados de un prestijio in- menso en eleJércítO; i que lo pondrian.

    Carrera por bu parte se manifestaba hasta cierto. Sus manifefi tacÍ0Des de imtacion i encono fueron , todavía mas allí al recibir el decreto de destitución.

    Esto ocurrió eH de diciembre. Habia llegados íiOoucepcion en ese mismo dia llamado por don José: Tenía a su disposición un ejércifp, ag'uerrido,, que si bien solo montaba qu aquella, época '. En aquella ciudad residían muchos eneinigos de la revolución que es- taban dispuestos a apoyar! Sin embarg'OjTirapeg'uí nó habia podido ver coíi oJQ indiferente las tropelías de que eran víctima los vecinos de Concepción i los hacendados de "sus in- mediaciones: Se reunió con los desconten- tu.

    Pam esto contaba con las fuerzas que al mamlo df? Su proyecto debia sin duda tener un éxito feliz: Al sa- ber la trama se apresuró a comunicarla a Carrera: Sin embargo don José Miguel no desconfió por mucho tiempo de las palabras de Solar, a quieii creía honrado i decidido por la causa de la revolu- ción, i hasta por su persona.

    Con este motivo formo en la mañana sigfuiente un tribunal especial compuesto de don Manuel Tíovoa, don Estévan Manzano i don José Vicente Ag-uirre, con encargo de enjuiciar a los conspiradores con la mayor brevedad posible. Felizmente no se necesito de muchas dilijencías para descubrir la conspiración: Al- g'unos otros cómplices cuya culpabilidad era menor alcanzaron la conmutación de esta pena en destie- rro fuera del pais, i las señoras San-Martín i mu- chas otras personas sospechosas, fueron condenadas a detención en la isla de laQuiriquina 4.

    Don José Miguel por su parte volvió de nuevo su atención al ejército, i con celoso empeño comenzó a colocar diversas guerrillas en los puntos en que mas necesidad había. Don Claudio Gav, que da algunas noticias. Citó con este objeto a las corporaciones i a los vecinos de mas representación e influjo para uua reunión que tuvo lugar el 2 de enero de Esta amenaza, que debió haber producido gran excitación entre los concurrentes, no abatió de mo- do alguno a los enemigos del jeneral Carrera.

    Tan luego como don José Miguel se hubo retirado de la reunión, para dejar discutir con mayor libertad a los concurrentes, levantaron mu- chos la voz haciendo los cargos mas serios al jefe del ejército que trabajaba por quedar a su cabeza a pesar de las terminantes órdenes de la junta gu- bernativa de la capital.

    Con este motivo se hizo llamar nuevamente a la sala al jeneral Carrera: Zañartu habia hablado con mas fervor que ra- zón: Mi empleo i autoridad, como jefe que soi de un ejército reconquistador de estas provincias, no pueden someterse sino al gobierno superior del estado.

    La junta de esta provincia i los pueblos deben de sujetarse a mis órdenes en la parte que corresponde. Si mando ahora el ejército es a solicitud del nuevo jeneral i con la vo- luntad del gobierno supremo. Como se ve, la reunión sé separaba del asunto que débia ventilarse en ella: Desde luego rodó la discusión sobre la urjente necesidad de reforzar inmediatamente al ejército para evitar grandes males.

    El jeneral en jefe hablq con este motivo del precario estado de la caja mili- tar, i de la obligación en que estaban aquellos ve- cinos de socorrer las tropas de la patria, pidiendo un empréstito o contribución der 20, pesos, que le fué acordado después de corto debate. Las amenazas de Carrera produjeron esta resolu- ción: Esta queja fué acompañada de espresiones tan acres e in- sultantes, que Carrera, no queriendo dejar impune tamaños ultrajes, lo mandó arrestado a un castillo de Penco 5.

    Al mismo tiempo que se manifestaban tan exijentes los enemigos del jeneral Carrera en Con- cepción, la junta gubernativa allanaba en Talca las muchas dificultades que a cada paso se le presen- taban para hacer efectivo el cambio de personal en la dirección de la guerra. Eesuelto como estaba a dar cumplimiento a los decretos de 27 de noviem- bre, el gobierno no habia dado la mas lijera señal de desaliento en medio de los inmensos trabajos i fatigosos afanes que preocupaban su atención.

    Enero 5 de lau. Por esta misma convicción habia pedido empeñosamente el mantenimiento de Carrera en el mando de las fuer- zas de la patria ; i al pasar a Talca llevaba por prin- cipal objeto probar a la junta los perjudiciales efec- tos de las medidas que acababa de dictar. En su contento, la junta comunicó la noticia con la mayor brevedad al intendente de Santiago, i a los prefectos délas provincias. En todas partes fué recibida con jeneral aplauso: Grande fué también la excitación que causo la noticia en el centro mismo del ejército: Eri vario se afenaba éste por reorg-anizar el ejército para entre- g'arlo a su sucesor, en un buen estado de disciplina, i en situación capaz de recomenzar la campaña: Como si el pais estuviese dividido en dos bandos opuestos, niu- dhos subalternos se separaban de las filas del ejército del sur, para ir a Talca a ofrecer sus servicios al nue- vo jeneral.

    Sin duda alguna esta deserción era fomentada parla junta g'ubernativa a fin de eng-rosar las fuer- zas con que contaba, i de quitar a don José Miguel todos los elementos de resistencia. En su juicio era menester arreglarse definiti- vamente con don José Mio-uel allanando todas las diferencias de un modo pacífico, i olvidando o'finjien- do olvidar las pasadas disensiones. Por esta razón comisionó a uno de sus vocales, el cura Cienfuegos, para que pasase inmediatamente a Concepción, lle- vando un ausilio de 60, ps.

    No era Cienfuegos el hombre mas a propósito para desempeñar la comisión que se le confiaba. Para el desempeño de su comisión salió el plenipo- tenciario de Talca en los primeros dias de enero: La desconfianza que manifestaba Cienfuegos irri- tó vivamente a don José Miguel.

    Cien'fiíeg'os quiso averiguar de Carrera lo que motivaba aquel estraño movimiento; pero no obteniendo mas que contestaciones vagas i hasta amenazantes, el plenipotenciario despachó a su sohrino don José a informar a ü'Higgins de lo que pasaba para que apresurase su marcha 6. Estas ocurrencias retardaron el reconocimiento de la autoridad de Cienfuegos hasta el 29 de enero.

    En esta proposición iba envuelta sin duda una burla de don José Miguel: El nuevo jeneral en efecto se hallaba ya en marcha para Concepción, i solo los trabajos con- siguientes al cargo que desempeñaba lo hablan de- morado en el camino.

    Tengo en mi poder una nota de Cienfuegos a la junta gubernati- va de l,o de febrero de lbl4. Jan luego como, ü'Higg: Arsaber aírora las ocurrencias dJei C6l biese desoertado. Siis servicios, de que él niis'mo'hüfolaba con modestia, i su fidelidad a toda prueba nd eí-an méritos suficientes para salvarlo de la ingratitud dfe sus superiores.

    Decíase alli que si el ejército de Chile babia sobrevivido al jeneral Pareja era porque en el mismo pais contaba con recursos para subsistir largo tiempo. La junta gubernatKja reciñó ,. McesidacJpSr de la gue: La falta de caballeria no pennitió a Mackenna atacar al enemigo en sus posiciones. Este contratiempo obligó a Mackenna a volver al Membrillar a las 10 de la mañana.

    Este desventaja no desconcertó a Mackenna. El terreno en que había empeñado la acción era, disparejo, i por tanto imposibilitaba las evoluciones ' de la caballeiía. Mackenna supo aprovecharse de ' esta circunstancia al cambiar de posición, i trepar en buen orden a una altura que flanqueaba la del enemigo. Pero este, lejos de acometer a los iñsur- jentes, dio su vuelta a gran prisa para no ser inquie- tado en su retirada. EUaa pvobalian ijajmmente qm el.

    La junta gubernativa se habia mostrado en este particular mas previsora que O'Higgins. A pesar de las notas de este, en que le hablaba de la tranquili- dad que reinaba en el ejército, el gobierno no se habia descuidado un momento en dictar sus provi- dencias para separar del cuartel jeneral a doil José Miguel.

    Su jenio inquieto era para la junta guber- nativa el motivo de mil temores, que no bastaban a calmar las seguridades del nuevo jeneral. Para alejarlo del teatro de la guerra, el gobier- no espidió un decreto el 12 de febrero nombrando a don José Miguel Carrera ministro plenipotencia- rio de Chile en Buenos- Aires, en reemplazo de don Francisco Antonio Pinto, que habia partido para Europa.

    Loa términos en que estaba concebido eran altamente lisonjeros para el funcionario nombrado: Vidal estaba al corriente de todo: No se descuidó el activo Lantaño. Inmediata- mente dio la orden de ensillar los caballos, i, favo- recido por la oscuridad de la noche, se puso en mar- cha para Penco. Llegó allí al amanecer, e instruido por Vidal de la casa que ocupaba don José Miguel i su comitiva, la atacó sin demora. En el primer momento fueron pasados a cuchillos seis hombres déla escolta de Carrera, i antes que nadie pudiese reponerse de la sorpresa penetraron los realistas en el interior sin resistencia alguna: La victoria quedó desde luego ; por.

    Castilla tuvo tiempo de organizar una vigorosa resistencia, no solo para defenderse en sus posiciones sino también para to- mar la ofensiva con ventaja. El despacho de la junta guber- nativa en los primeros días de febrero se redujo casi esclusivamente a anunciar a O'Hig'gfins las canti- dades de dinero, víveres, vestuarios i armamento que habian salido, o que debian marchar para el ejército. Las circunstancias de Spano no eran para resis-.

    Del mejor modo que le per- mitia el cortísimo tiempo de que podia disponer, atrincheróla plaza del pueblo, colocó los tres cañones que poseía en tres de sus esquinas para atender a la vez a seis bocas calles, i se dispuso a resistir firme- mente hasta que le llegasen los ausilios que espe- raba. La resistencia, en efecto, fué heroica; el teniente de artillería don Marcos Gamero i el mismo Spano hicieron prodijios de valor en la defensa de la plaza.

    Des- de los balcones i ventanas dirijian un mortífero fue- go sobre los patriotas, que estos contestaban del mejor modo que les era posible. Una partida, que ocupó la casa de don Vicente Cruz, hizo grandes estragos en la fuerza de artillería, i dio muerte al bizarro teniente Gamero, que no había cesado de organizar la defensa. Desde entonces quedó despejado el camino que debia andar Elorreaga. Allí supo que Talca acaba- ba dé caer en poder de Elorreaga ; i una gruesa partida de las fuerzas de este fue a atacarlo en aquella posición.

    En efectO' nada se supo de pronto: Al retirarse del palacio, todos los concurrentes es- taban informados de la pérdida de Talca, i se aleja- ban abatidos por tan triste nueva. Algunos patriotas con todo creyeron que no era llegado el caso de desesperar: Muchos de estos se reunieron en la misma noche a tratar del remedio que debia ponerse a ma- les de tanta consideración, i todos acordaron que era preciso juntar al pueblo en un cabildo abierto, para acordar allí las medidas que debia tomarse.

    El rejidor don Antonio José de Irisarri fué ef -primero que tomó la palabra. Sus miembros se habian conducido siempre como verda- deros patriotas, sin ambiciones ni interés. En el tiempo de su mando habian hecho cuanto estaba a sus alcances en favor de la revolución sin abrigar miras mezquinas, ni deseos de elevación personal ; i no habrían querido conservar el mando contraía opi- HISTOHIA JENSBAL nion popular, tan claramente espresada en el cabil- do abierto.

    Sin vacilar un solo momento estendieron el decreto supremo por el cual mandaba reconocer la autoridad del nue- vo gobierno, creado por la voluntad popular 6.

    Desde entonces quedó reconocido el nuevo go- bierno del estado. El tiempo de su gobierno debia durar diez i ocho me- ses, i tenia por consejero un senado consultativo, compuesto de siete miembros, elejidos de una terna que debian presentar las corporaciones 7. El gobierno unipersonal era sin duda una venta- ja para la revolución. Irisarri habia subido al poder animado por el mas ferviente deseo de dar impulso a la revolución, i hasta sus mas insignificantes providencias llevaban el sella de la enerjia i voluntad.

    Ninguno de log gobiernos que se sucedieron desde habia trabajado mas 6 Nota del cabildo de marzo 7. El ejército necesitaba de este ausilio. Las escaramuzas con las fuer- zas realistas vto habían cesado: O'Higg'ins en verdad debia salir de Concepción en su socorro ; pero también esperimentaba la esca- sez de recursos i de medios de movilidad.

    En la división del centro se recibió la noticia de este suceso junto con la de quedar [ocupada Talca por las fuerzas enemigas. El desaliento que ambas ocurrencias produjeron en la oficialidad del Membri- llar fué grande.

    Desde entonces se toma- ron las mas activas providencias para defender el campamento: VHiggins, en efecto, no era culpable por su inacción. El comandante de la plaza de Penco don José Ramón Torres, seguido de la guarnición, habia desertado en la noche anterior, dejando el pueblo abierto e indefenso.

    Todo quedó pronto en el Troncón para romper la marcha al amanecer del dia 16 ; pero desgraciada- mente nuevos tropiezos vinieron a retardarla por alg'unas horas mas, cuando tanto importaba no per- der un solo minuto. Se emprendió esta, en efecto, en la ma- ñana del Cuando ja íbamos a hacer que marchasen las municiones se incendió una carg-a. En este dia lleg-amos a Curapalig-iie, i allí el virtuoso patriota Guajardo dio al jeneral al- g'unas reces que nos sirvieron infinito, porque este ejército va mantenido por la divina providen- cia Venciendo tantas dificultades se acercó el 11 Diario del mayor jeneral CaledroQ.

    Los espias avisaron que las lomas del Quilo, que era forzoso atravesar, estaban ocupados por fuertes partidas realistas, dispuestas al parecer a impedir el paso a los patriotas. Al oir esta noticia O'Hio'g'ius se adelanto a su tropa, para reconocer las posiciones del enemig'o i en breve rato volvió a su campo resuelto a atacarlas inmediatamente. Gainza en efecto habia concebido el plan de ba- tir en detall al ejército insurjente, cuando los dos cuerpos que lo formaban, estaban separados por el caudaloso Itata i la montañosa porción del territo- rio que se estiende desde Concepción hasta las ori- llas de este rio.

    Con este proyecto habia estrechado con la mayor parte del ejército al coronel Mackenna en el Membrillar, pero el jefe realista dejó pasar el tiempo sin emprender un ataque contra fuerzas tan inferiores a las suyas. En esta inmovilidad pasó Gainza hasta mediados de marzo.

    El activo Barañao en efecto, se colocó en aquel sitio en la tarde del 18 de marzo. Con este motivo, inme- diatamente pidió a Gainza un refuerzo de tropas, i se dispuso a mantenerse firme en aquel pnnto. Las alturas del Quilo se veian a la distan- cia coronadas de tropas que parecían dispuestas a resistir todo ataque. No era posible conocer el nu- mero ; pero las ventajosas posiciones que ocupaban favorecían mucho a los realistas, por débiles que fuesen.

    Estas consideraciones, sin embarg'o, no obli- garon a O'Higgins a suspender su marcha. Hizo sa- lir al comandante don José María Benavente al mando de varias guerrillas sueltas de tiradores de a caballo, sacados del cuerpo de dragones i déla Gran- guardia, los cuales podian servir como infantes ; i las reforzó con 40 granaderos a las órdenes del te- niente don Pablo Vargas.

    Grande fué el contento que causó en el Membrillar el arribo de la división de O'Higgins. La vista de las fuerzas que marchaban en su ausir 13 Diario de Calderón. Ranquil mar- zo 19 de Desde el momento en que este jefe vio a VHig'- gins en las alturas de Ranquil aprontó una división de fusileros i tres piezas de artillería para mar- char sobre la retag'uardia de Gainza, si este em- prendía un ataque jeneral contra las fuerzas que venían de Concepción. Pero nada de esto sucedió: Gainza, que no habia sabido aprovecharse de las circunstancias, conoció ahora mui bien la desventa- josa posición en que lo-habia puesto su falta de ener- jía.

    El je- neral en jefe hizo reconocer el campo pOr sus par- tidas eisploradoras, i estas le avisaron que se halla- ba una división realista asilada en las casas de Baso, en él camino que debía andar para reunirse con Mackenna. Al saber esta noticia el mismo O'Hig- gins salió en su persecución con dos piezas de cam- paña, dragones i granaderos j pero los rea- listas abandonaron su posición en precipitada fuga, antes que el jefe insurjente los atacase.

    Mackenna por su parte no se descuidó un ins- tante en observar los movimientos de Lantaño, de quien solo estaba separado por el rio, esperando des- cubrir por ellos las intenciones del jeneral Gainza. Focos momentos después pasaron este rio, dirijiéndose al parecer a Cucha- cucha. Nada habia que temer por la espalda: Desde allí comenzó a subirla a toda carrera para echarse sobre el reducto del fondo: Sin embargo, muchos soldados de las otras divisiones, al ver la considera- ble pérdida que sufria la vanguardia, volvieron la espalda ; pero una división de mas de hombres, a cuya cabeza marchaba el atrevido comandante Baraííao, avanzó denodadamente, i se acercó al re- ducto del centro con intenciones de posesionarse de él.

    En aquellas circunstancias, Mackenna creyó que solo un movimiento audaz podía salvarlo, i no vaciló un instante en dar la orden de hacer una salida de las trinchei-as. Batida la primera división realista, Balcarce vol- vió a las trincheras trayendo consigo fusiles, sables i otros despojos: Alentado por varios oficiales de elevada graduación, avanzó con cuatro piezas de artillería, i si bien le faltó la reso- lución para cargar a la bayoneta a los reductos de Mackenna, tuvo bastante sangre fría para mante- nerse a tiro de pistola de las fuerzas patriotas, su- friendo un fuego vivísimo de metralla que vomita- ban seis cañones, i el de fusileros bien atrinche- rados.

    La acción se hizo entonces jeneral j i el fuego fué tan tenaz que se sostuvo por mas de cua- tro horas sin descanso alguno. Él enemigo intentó posesionarse por el flanco del reducto de la derecha, i aun avanzó dos veces con este objeto ; pero sus columnas volvian desordenadas, asi que avanzaban hasta la distancia de ocho pasos, rotas por el fuego de la trinchera.

    El coronel Mackenna, apesar de estas ventajas, temió que el reducto fuese tomado si no se le ausilia- ba. Con este motivo él mismo pasó al reducto del cen- tro, que defendia Balcarce, i llevó 50 infantes para defenderlo contra los ataques de los realistas. La acción, sin embargo, duró en toda su fuer- za hasta después de oscurecerse: Apesar de estola victoria fué mui importante: Mackenna supo poner en derrota a un enemigo po- deroso i hacer grandes estragos en sus filas con mui poca pérdida por parte suya.

    Mftcfceüna fué de este numero: Makennase;oeup4en reparar los daños quehabiafr sufrido sus trincheras i en prepararse para resistiri un BtíeYocheque si volvía, a ser atacado!.

    Por esta causa O'Higgins se resolvió a quedarse un dia mas en aquel punto esperando, que se secase algo mas el camino para emprender su marcha Al amanecer del siguiente dia O'Higgins mandó hacer una salva de siete cjañonazos, para saludar a sus compañeros de armas, que fué contes- tada por otra de veinte i uno j i, después de tomar varias providencias para reconocer los campos de las inmediaciones, i mui en particular el camino que dejaba a sus espaldas, él mismo pasó el rio acom- pañado por el mayor jeneral de su división.

    Grande fué el contento que produjo la presencia de O'Higgins ; en la división del Membrillar. La 16 Diario de Calderón. Solo asi podrían recibir de Santiago los ausilios que necesitaban para proseguir la campaña. El mo- vimiento debia efectuarse con tino para ocultarlo al enemigo. Las partidas esploradoras del enemigo se dejaron ver' en las alturas inmediatas ; pero el ejér- T. Sus primeras evoluciones militares. O'Uiggins i Mackenna se dirijen a las orillas del Mame. Movimientos de ambos ejér- citos.

    Pasan el rio en uua misma noche. Acción de los Tres Montes. La ocupación de Talca por las fuensas realisr tas era un sucedo de mucha trascendencia en la: Habia salido este poco antes para Talca con cien hombres a ausilíar a Spano, i se hallaba detenido en Rancagnia, cuan- do se conaenzó a organizar la nueva división. Allí se íe juntaron 30 í hombres mas del mismo rejimien- to i las milicias de infantería de Aconcagua, a las órdenes de don Fermín Torres.

    Este joven era donManueí Blanco Encalada,, natural de Buenos-Aires, pero hijo de una señora- chilena. Sus conocimientos militares eran los de un buen oficial de artillería, i sus servicios le valie- ron una honrosa medalla. Poco antes la junta g-ubemativa habia hecho grandes esfuerzos para re- clutar tropas i engrosar el ejército, i solo había po- dido conseguir pequeñas partidas de hombres.

    Era compuesta en su mayor par- te de reclutas bisónos, i muchos de los veteranos que contaba en sus filas eran deseitores o licenciados del ejército del sur. ÍQll con encargo de situarse a orillas del rio. La estratejia de Blanco surtió todo el efecto de- seado.

    En esos mis- mos dias llegaron de Santiago las municiones de artillería, i el 20 de marzo, a las dos de la tarde, pudo salir de San-Fernando para comenzar la cam- paña.

    Las avanzadas enemigas a las órdenes de Calvo, entre tanto, no atreviéndose a quedar en el. Allí se engrosaron considerable- T. En vista de esta ocurrencia, Blanco salió de Cu- ricó en la mañana del 25 a la cabeza dé toda m di- visión, i antes de llegar a la ribera del Lontué des- tacó varias gnierrillas de fusileros montados para batir a los enemigaos que se oponian al paso del rio.

    La vista de tan respetables fuer- zas hizo desistir a los realistas: Los insurjentes le dieron una gran importancia, i llega- roa a creer que el enemigo iba en completa fuga, i que para alijerarla babia abandonado dos cañones. AHÍ fué sorprendido por los fuegos de los tira- dores de Calvo j su primera descarga costó la vida del ayudante don José Vicente Guzman i de un soldado ; i sin duda habrían sido ma3'ores los es- tragos a no replegarse inmediatamente AUendes a Quechereguas, para evitar tan desventajoso com- bate.

    Slanco sin einbargo creyó que era llegado el mo- mento de marchar con toda su división para no díír a los realistas el tiempo de reforzarse. La estratajema de Calvo para demorar a Blanco no era raui mal concebida, mas ella no surtió todo el efecto que podia esperar. Es cierto que algunos de sus prisioneros habian sido mutilados por un ofi- cial de ínilicias de San -Femando; pero el 6nico propósito de Calvo era el de intimidar a Blanóo con sus amenazas.

    Este plan era en verdad mui acertado. Blanco dio enton- ces la orden de marcha: Esta contestación no intimidó a los subalternos i soldados de Blanco: Desde entonces el resultado del combata no po- dia ser dudoso: El jefe patriota reunió en el instante a algunos jefes subalternos para consultarles lo que debía hacer. Temerosos estos de que el refuerzo del enemigo los atacase por la esjTalda i los envolviese entre dos fuegos en las calles del pueblo, aconsejaron a Blanco que debía retirarse: El movimiento fué ejecutado con buen orden: Los realistas entre tanto se habían visto en las mayores aflicciones en la plaza.

    Por desgracia, Blanco habia cometido el error de no de- jar fuerza alg-una que entretuviese al enemig-o para protejer su retirada: Dos veces las mi licias de Aconcag-ua quisieron abandonar la línea, í las dos veces fueron oblig: Allí mandó Blanco volver frente al enemigo ; pero la vista de este acabó de introducir la confusión i el desaliento entre los patriotas.

    La acción no al- canzó a durar un cuarto de hora: El teniente don Eamon Pi- carte disparó sus cañones mientras tuvo soldados para su servicio, i cuando estos hu3'eron se sentó en la cureña de uno de ellos a esperar su suerte.

    El enemigo entre tanto continuaba avanzando i T. El director Lastra, prevenido de la derro- ta en los primeros momentos, no economizó sacrifi- cio alguno para evitar la consternación i el desalien- to que esa noticia debia producir.

    Publicó un ma- nifiesto con el título de Estado de la ffuerra i necesidad de concluirla: En esos momentos sin em- bargo todas las esperanzas de la revolución estaban cifradas en este jeneral: Ambos me han in- formado mui detenidamente de todos los movimientos i operaciones da la campaña, i a ellos debo en parte el caudal, de noticias que contient; esta parte de mi trabajo. El 25 de mar- zo llegó al portezuelo de Duran, i el siguiente dia alcanzó a alojar en la hacienda de den Felipe La- vanderos.

    Gainza en efecto habia alcanzado ya a i-eponerse de la derrota del Membrillar. Mientras éstos marchaban por el centro de la provincia, los realistas calcinaban a su derecha separados de ellps por una distancia de dos o tres leguas. Estos por su parte marchaban con toda la preste- za que les permitía su escasez de recursos.

    Los dos ejércitos marchaban parale- los, separados solo por una corta distancia j i a oaida instante Ueg-abau al cainpo noticias alarman- tes acerca de ios preparativos que hacia el enemigx para dar un ataque. En la noche del 28 acampó O'Higgins eíi un lu- gar denominado Maritemu. El jeneral insurjente, que estaba infomiado de su inmediación, dispuso que su ejército- se moviesen las doce de la noche, i qiie, favorecido por Ja espesta niebla, cayese sobre las fuerzas de Gainza.

    Los soldados, sin comprender lo que pasa- ba, i temiendo que fuese aquello un violento ataque tiel enemigo, formaron apresuradamente la línea, desatendiendo para esto la vijilancia délos pocos prisioneros de guerra, que seguian al ejército. Uno de estos, Vicente Benavides, tan famoso mas tarde por sus proezas i crueldades, se escapó del campa- mento, i fué a dar parte al jeueral realista de la proyectada sorpresa.

    El plan de O'Higgins quedó desbaratado con esta desgracia; lejos de abatirse por ella, rompió de nuevo su marcha a las ocho de la mañana i siguió derecho hasta los altillos de Elguen.

    Las guerrillas insurjentes, estuvieron en continuo movimiento, incomqdando a los realistas, interceptando sus comunicaciones con Calvo, que mandaba en Talca, i batiendo a sus partidas sueltas, mientras el cuerpo del ejército marchaba ordenadamente a ganar las orillas del Maule. El jeneral realista marchaba también con gran presteza en la confianza de que el resultado de la campaña seria favorable al que primero cruzase es- te río.

    Para el jeneral patriota era también aquel un contratiempo de importancia. O'Higgins sin embarg'o no vaci- ló en seg'uir adelante: Al cabo de cuatro horas de camino llegfó en efecto al vado de Alarcon, que defendia el enemig'o por la banda del norte con dos o tres piezas de artillería i bastantes fusileros. Las gfuerrillas insurjentes in- tentaron forzar el vado ; pero en vista del poco éxi- to de esta empresa, O'Higgíns celebró inmediata- mente junta de gueiTa para resolver lo que debia hacerse.

    Las medidas que acababa de adoptar el jeneral insurjente frus- traron su plan: Los patriotas, sin embargo, reforzados cou una carroñada de a 8 i soldados de infante- ría, los persiguieron hasta que comenzó a oscure- cerse. El jeneral insurjente no se abatió en vista de tan- tas contrariedades. Ó'Hig'gíns le sig'uió en breve; pero tu- vo el: Con estas providencias logró mo- verse sin ser sentido.

    Las copiosas lluvias del ano anterior habian aumentado de tal modo el caudal de los rios que en abril de no se podia pasar ninguno de los vados del Maule sin vencer serias dificultades j i el T. O'Hig-g-ins no va- ciló en arrostrarlos todos a trueque de cortar al enemigo el camino de la capital.

    Para no demorar esta operación, O'Higgins se resolvió a abandonar el ganado lanar que arreaban sus soldados. El mismo jeneral en jefe i el cuartel maestre Mackenna dirijieron de cerca el movimiento.

    El sar- jento mayor don Enrique Campino recibió la orden de comenzar el paso del rio: El agua cubria los pechos de los caballos i algunos infelices que tuvieron la desdicha de separarse un poco del sendero del vado fueron arrastrados por la corriente del rio. Elorreaga defendia el paso de Bo-badilla desde la ribera opuesta mientras Gainza lo atravesaba cómodamente en espaciosas lanchas i sin peligro alguno, pero no sin alarma i sobresalto. En su juicio, el solo movimiento de aquella noche importaba la recon- quista de Chile.

    La proximidad de las partidas enemigas era efectiva. Los dos ejércitos seguían entonces tam- bién una marcha paralela hacia, el rio Claro, cuyo paso querían disputar los realistas; i entre tanto sus partidas incomodaban a los insurjentes por el flan- co izquierdo i por el frente. O'Higgins sin embargo no se detu- vo en su marcha, ni manifestó el menor desaliento ; pero cuando almorzaba la tropa, las guerrillas, ene- migas se echaron sobre algunas muías i caballos del ejército patriota, i obligaron a su jefe a tomar inmediatamente la ofensiva.

    La acción fué corta, pero bastante reñida. Ambos combatientes echaron pie a tierra. El grueso del ejército se acer- caba mientras tanto: El grueso del ejército, en efecto, no había cen- sado de caminar. O'Higgins, que estaba vivamente empeñado en llegar esa misma noche a Quechere- gxias, no interrumpió su marcha por la pequeña ac- ción que acababa de presentarle el enemig-o. Antes de las dos de la tarde Ueg'ó a la orilla izquierda del rio Claro ; pero, por desgracia, la caballería realista ocupaba ya la ribera opuesta, i se manifestaba en disposición de disputar el paso a los insurjentes.

    Una gruesa partida se había posesionado de las ca- sas de Parga, situadas al frente del punto por don- de quería pasar O'Higgins, i otra, no menos consi- derable, i que contaba con un cañón de a 4, estaba colocada diez cuadras mas abajo. El comandante don Anjel Calvo llegaba por el lado de arriba, a re- forzar esas dos partidas, en los momentos en que O'Higgins se acercó al rio. En la misma tar- is Diario de Calderón. Al efecto hizo construir precipitadamente una sólida trinchera de lios de charqui i panzas de cebo, que se sacaron de los graneros de la hacienda, cubrió los tejados de las casas con infantes, puso andamíos en los corrales para que desde ellos pudie- sen hacer sus fuegos los fusileros, abrió portillos en las paredes para sus cañones i saco al frente toda su caballería, con encargo de cargar precipitada- mente sobre los realistas, tan pronto.

    Por desgracia, al flanco izquierdo de la posición que ocupaba la caballería patríota habia una corri- da de paredones o restos de tapia detras de los cua- les fué a colocarse el enemigo. Estendió su línea apoyando su izquierda en el rio Claro, i su derecha en Lontué, i comenzó un vivísimo cañoneo diríjido con mucho acierto.

    Inmediatamente O'Hig'gins i Mackenna introdujeron su caballería al corral de matanza de Quechereguas, movieron algunas piezas de artillería i comenzaron también un nutrido íuegro de canon. La caballería ftíé la primera én retroceder ; siguiéronle en breve los fusileros i artilleros, de modo que alas tres de la tarde el campo estaba enteramente desembaraza- do de enemigaos. En ese mismo dia llegaron al campamento noti- cias de hallarse Carrera inmediato a Quechereguas: Pero, lejos de sentirse todo el ejército alentado por esta noticia i por la victoria de ese dia, no faltaron jefes que pidiesen en aquella noche un nuevo consejo mi- litar para discutir el piando campaña que debia seguirse.

    Balearse insistió otra vez en que convenía pasar el Lontué i seguir la marcha al norte hasta juntarse con Carrera i engrosar su ejército 4 ; pero 4 Mem. El 12 hicieron repetidas entradas por diversas calles, i en todas fueron rechazados, no atreviéndose a presen- tarse por aquellas que miraban a la plaza i estaban guardadas por los cañones. Se nombró una junta para instruir los procesos, pues todos éramos considerados reos de lesa majestad. Se ag'uardaba solo la conclusión de ellos, para im- poner las mas severas penas a algunos oficiales, asi en Concepción como en Chillan, i para remitir otros a las Casas-matas del Callao.

    Causas de sus demoras para llegara Santiago. Los insurjentes se epunen a sa cu liiplt miente. Con la noticia la deserción aumentó conside- rablemente: Jos campesinos de las provincia?

    Su ejercitóse habia acercado a la capital, habia rehabilitado sus comunicaciones con ella, i al cabo de pocos dias comenzó a recibir los recursos de que carecia. Le llegaron víveres en abutídancia, bastantes caballos i mümciones de g'üerra en cantidad sufijienta para equipar bien su ejército.

    No era esto todo: Su tropa estaba entonces animada de un buen espíritu: Un acontecimiento inesperado vino a salvar al jeneral Gainza de; la seg'ura a inevitable, ruina del ejército de su mando.

    Fué este la Ueg? Hillyor recorría el Pacífico al mandit 4e: Abascat acepto sd propuesta: Todos sus mo- vimientos pura lograr esta ventaja fueron infruc- tuosos. V Pasóse así mes i medio. Desde entonces, Hílh-ur podia pasar a San- tiago a entenderse con las autoridades chilenas para celebrar el tratado. El ejército insurjente estaba ontónces risfor- zado con la división ausiliar que le habia llevadlo ei coronel don Santiag'o Carrem.

    Su jefe se prepa- raba para atacar a Gainza en: Pero al ver las bases abordadas en Santiago estuvo a punto de negarse enteramente a entrar en aveneíicm.

    Seria- mente alarmado, contestó Gainza en el mismo dia la nota del jeneral patriota: Unos i otros se des- montíu'on en un rancho, en que Gainzahabia hecho preparar algunas viandas para almorzar juntos ; i allí tuvieron una discusión que duró tres horas con- seéutivas. Seg'un el artículo 6. En la mañana dei día 8, OHig'gins recibió, des- pués de una formal intimación, los tratados firma- dos por Gainza,. Gainza tenia que evacuar a Talca a las treinta horaa después de liabérsele notificado su ratificación , pero carecía de elementos para ello.

    Asi lo comprendió el jeneral O'Higgins ; pero lejos de querer aprovecharse de las circunstancias para destruir al enemigo despre- ciando los tratados que acababa de firmar, como le aconsejaron algunosjefes, contestó inmediatamente al jeneral realista ofreciéndole no solólos a,usilíos pedidos sino también una división da milicia- nos de caballería para servirle en el paso del Maule, Estos socorros salvaron al ejército en su retirada.

    Con ellos pudo Gainxa salir de Talca el 8 de mayo cruzar aquel rio el dia siguiente, i encontrarse por fin en camino para su cuartel jerieral de Chillan.

    Por insig'uiíicahte que tliese en sí el proyecto de revolución, él era la obra del desagrado éstracM'di- lui. Pbr todas part tes se celebraba, con encarg-o- del gobierno, la paz. Alentado por las mejores intenciones, creyó que su deber le mandaba ser con- ciliador: En el mismo día, II de mayo, se hizo publicar otro bando de tendencias verdaderamente reaccio- narias. El capitaii de granaderos don Jo- T. Talca i julio 26 de I, Prisión de los Carreras en Chillan.

    Revolncíon del 23 de julio. El intendente tenia un gTan encono contra don José Migniel. Con este objeto comisionó Grainza al coronel Ballesteros; para que, en calidad de. Apenas hubo cruzado el Maule, Oainza avisó al gobernador de Chillan el convenio que acababa de celebrar con el enemigo. Ellos por su parte usaron ampliamente de esta libertad: Aquellos campos seTialfaban entonces poblados de bandidos dispuestos a robar i a asesinar al viajero que no tenia la pi'ecaucion de acompañarse con las g'uerrillas que los cruzaban en todas direcciones.

    Para colmo de males, el muchacho que los acompa- ñaba tuvo mieda de verse en el campo a aquellas horas de la noche, i se volvió a Chillan, dejando a los viajeros perdidos en- un camino que no conocían, i que la oscuridad no les permitía: Los do9 hermanos le iirnpusiemn miedo:

    Tal Directorio General. e'tO. Lon- gitud aproximada de 46 Km. de largo por 4 ni. de ancho, para el camino que empalma con la Puta Nacional Ne todos los eompare- oi-Tites personas de mi conocimiento, doy fe. v dicen: Que. Ar- tículo Cuarto: El directorio podrá en cualquier momento disponer la emisión total ,— e.l4|N» v.l8ll2|5l' LA PUTA CEREAL Co. Pedro- A. Dellepiane; Secretaría N» M cita por dfezí días y emplaza por treín-,tit días a. Tags: tits nipples bigtits sexo gozadas gatinha tetudas gordas peitudas big natural tits bundas e bucetas tetas grandes espanholas festa com as putas se cogen. Las mejores insinuaciones son las bayonetas en circunstancias como las actuales en que nos hacen la guerra a sangre i fuego. Sablevacion realista en Santa- Rosa. Apenas habían vuelto los soldados insurjenteft a sus posiciones, cuando se supo que una partida realista, a las órdenes del g-uerríllero Oíate, bajaba de la montaña conduciendo ausilios a la plaza. Sin conocer las causas que produjeron ese movimiento cada cual jugar señoras culonas putas a su agrado a don José Miguel, afeando sus hechos, reagravando sus errores, sin querer disculparle co- sa alguna. La junta gubernativa da este destino al coronel O'Hig- gins. Elorreaga pensaba reconocer el campo de Carrera con el pretesto de enviar ese parlamentario, tites directorio putas. La te- sorería provincial se encontraba exausta, i los cuer- pos de tropa no estaban completos:

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